Crisis de ansiedad. Cuando se pierde el control

Aproximadamente seis de cada diez personas sufren en algún momento de su vida los síntomas de este molesto trastorno, que se presenta sin avisar y produce una intensa desorganización mental y emocional.   Es mucho más frecuente en mujeres, y se tarda una media de seis a nueve años en diagnosticarlo, lo que dificulta su cura y el tratamiento.
   Los ataques de Pánico o crisis de Ansiedad se caracterizan por la aparición súbita, inesperada, temporal y aislada de un miedo o malestar intenso, que suele manifestarse acompañado de al menos cuatro de los siguientes síntomas, que comienzan bruscamente y alcanzan su punto álgido en menos de diez minutos. 
* Palpitaciones, taquicardia o sensación de sacudidas del corazón 
* Sudoración repentina 
* Temblor o agitación 
* Sensación de atragantarse 
* Malestar toráxico u opresión 
* Molestias abdominales o náuseas 
* Sensación de mareo, inestabilidad o pérdida de consciencia (desmayo) 
* Miedo a volverse loco o también a perder el control de uno mismo 
* Miedo a perder la vida 
* Entumecimiento u hormigueo (parestesias) 
* Escalofríos o sofoco 
* Desrealización (sensación de extrañeza ante la realidad circundante cotidiana) o despersonalización (sensación de extrañeza ante uno mismo, de no reconocerse)
Cómo reconocer un ataque de pánico
   Además de los síntomas secundarios mencionados, muy diversos en cada caso, lo que nos permite reconocer inequívocamente la existencia de un ataque de pánico es la aparición repentina y a menudo aparentemente inmotivada de un estado de súbita alteración mental y corporal parecido al que se experimenta tras sufrir un gran susto o tras sentirse amenazado gravemente, con la particularidad de que la situación es inofensiva en comparación con la respuesta orgánica y mental de la persona que sufre la crisis de angustia o ataque de pánico.   Esta alteración alcanza su máxima intensidad en un período de tiempo no superior a los diez minutos, y se acompaña de una percepción acusada de sensación de peligro y/o muerte inminente, además de la necesidad irrefrenable de escape y de petición de ayuda. 
   De todos los síntomas posibles que acompañan a la aparición de la crisis o el ataque, merecen ser destacados los siguientes por su mayor frecuencia: 
* Respiratorios: Dificultad de respirar o ahogo asociado a una necesidad imperiosa de aire -éste parece faltar por momentos- y respiración entrecortada que incrementa el temor del paciente a sufrir una parada respiratoria. 
* Cardiovasculares: La aceleración del ritmo cardíaco (taquicardia) y las palpitaciones pueden colaborar 
- sumadas a las mencionadas sensaciones de ahogo- al temor a una parada cardiorrespiratoria, junto con otras sensaciones de calor, sofocos y enrojecimiento facial, de entre los síntomas neuromusculares, destacan el temblor de manos y pies y dolores agudos diversos.
* Urinarios: Ganas repentinas de orinar 
* Digestivos: Sequedad de boca y la contractura estomacal. 
* Sensitivo-sensoriales: Aparece un gran nerviosismo, seguido por una sensación de inestabilidad, de vértigo, 
mareo, náuseas y un aumento de la sudoración. 
* Cognitivos: Se piensa en la proximidad de la propia muerte y en la pérdida de control de uno mismo. A estos pensamientos le sigue la creencia de que uno va a perder la conciencia (desmayarse) y volverse loco.
Condiciones de aparición
   Existen tres tipos principales de crisis de angustia: 
1.- Inesperadas se dan sin estar relacionadas con claves o estímulos del entorno. 
2.- Las situacionales son activadas por estímulos del entorno imaginados o presentes, y suelen aparecer en el contexto de las fobias sociales y específicas. 
3.- Las parcialmente asociadas a una situación determinada, ocasionalmente, se pueden dar sin la presencia o imaginación de esa situación temida.
Nunca vienen solas
    Las crisis de Ansiedad o ataques de Pánico no suelen presentarse de manera aislada, sino con otros trastornos de Ansiedad. Además, la persona que los sufre experimenta una intensa sensación de estar amenazada por un peligro inconcreto, de hallarse cercana a la muerte y de necesitar huir o escapar urgentemente. 
   A medida que se repiten estas crisis de pánico, el miedo tiende a disminuir, aunque también puede evolucionar hasta convertirse en un trastorno.
Malas “compañías”
   Antes de considerar la complejidad del problema ocasionado por el trastorno de pánico, veamos brevemente qué otros fenómenos psicopatológicos sufren las personas con este tipo de patologías:                                        
 * La sensación de falta de aire, muy característica de los ataques de pánico, se da a menudo cuando estas crisis aparecen en el contexto de un trastorno de ansiedad con o sin agorafobia (ansiedad en situaciones de las que es difícil escapar o encontrar ayuda). 
* El Rubor aparece a menudo cuando las crisis de pánico están asociadas a un lugar o situación concreto. El factor desencadenante es la propia ansiedad, generada por la exposición en público. 
* Los trastornos de angustia/ansiedad son crisis de angustia recurrentes e inesperadas, que se da con la preocupación persistente a padecer nuevas crisis y también sus posibles consecuencias, o a sufrir un cambio personal importante. 
* La Fobia social es un miedo intenso, irracional y persistente a los contactos sociales, que provoca actitudes de evitación o huida. 
* La Fobia
 específica aparece como un miedo irracional, intenso y persistente a objetos y/o situaciones concretas. La presencia del llamado “objeto fóbico” o “situación fóbica” produce una gran ansiedad y un malestar que interfiere fuertemente en las actividades cotidianas de la persona, desarrollando fobias al lugar de trabajo, a otras personas.
)* El Temor, horror y/o desesperación intensos provocados por la exposición o vivencia de hechos reales estresantes y en extremo traumatizantes son algunos de los trastornos del estrés postraumático. Éstos persisten después de un mes de haber sufrido tales experiencias. 
* El trastorno por estrés agudo produce ansiedad y otros síntomas -como embotamiento, ausencias, desrealización, despersonalización o amnesia- que surgen durante el mes posterior a la vivencia de experiencias extremadamente traumatizantes, como presenciar un asesinato, sufrir una violación, un secuestro, un accidente de tráfico grave...
Trastornos de angustia, simples ataques
   La complicación más característica de los ataques de pánico o crisis de ansiedad recibe el nombre de trastorno de angustia. En el Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM—IV) se describe como aquél en el que se presentan “crisis de angustia recurrentes e inesperadas, seguidas de la aparición -durante un período mínimo de un mes- de preocupaciones persistentes por la posibilidad de padecer nuevas crisis de angustia y por sus implicaciones y consecuencias, o bien de un cambio comportamental significativo relacionado con estas crisis” (DSM—IV, 1995).
Acertar en la terapia
   Este tipo de trastorno se agrava con la aparición de nuevos temores, que acaban adquiriendo tintes fóbicos. De hecho, el tratamiento de los ataques de pánico requiere siempre un diagnóstico acertado, lo que exige la intervención de un psicólogo. Dado que el fondo de los trastornos que parten de un ataque de pánico no es meramente sintomático, las terapias conductuales resultan inútiles si no van acompañadas de trabajos más profundos, pues se limitan a eliminar un síntoma tras otro, sin realizar un trabajo psicológico sobre la personalidad.
A todos nos puede pasar
La posibilidad de sufrir uno o varios ataques de pánico no es exclusiva de personas con una patología definida según los síntomas expuestos. El rasgo más instintivo de quienes sufren este tipo de trastornos es la respuesta con mayor ansiedad ante muchas situaciones, ya que se interpretan las sensaciones de manera catastrofista. Esto lleva a tener una percepción de lo que se siente mucho más peligrosa de lo que en realidad es, 
por ejemplo, la falta de aire puede ser interpretada como una señal ‘inequívoca” de una próxima parada respiratoria, con la consiguiente exacerbación de la propia ansiedad.