Anorexia nerviosa, Bulimia ¿Delgadez o Desnutrición?, 3ª y última parte


La familia y el entorno
   Muchos psicólogos y científicos han estudiado el entorno familiar de las personas que padecen anorexia. Aunque es difícil establecer un patrón uniforme, hay una serie de circunstancias que se repiten. De todos modos, el modelo típico de familia no se puede aplicar a nivel general. 
   En la mayoría de los casos, los familiares de personas anoréxicas son amables y expresan su amor, aunque de forma bastante superficial. Esta atmósfera “amorosa” enmascara una serie de circunstancias que se ocultan de forma consciente o inconsciente. Quizás el problema más importante es la excesiva intromisión de algunos miembros de la familia en los problemas de los demás, dando lugar a una dependencia importante, que crea una estructura mental de tipo infantil. 
   Aparentemente los conflictos familiares no se resuelven, sino que tienden a esquivarse y a aplazarse, o simplemente se niega que éstos existan. El resultado es que estos problemas no quedan resueltos y son sustituidos por otros (banales para la mayoría de personas) que, a su vez, adquieren una mayor importancia. En el fondo, los problemas no dejan de existir, sino que son sustituidos por “sucedáneos” de problemas. 
   Esto puede explicar el porqué la imagen física resulta tan importante para una persona anoréxica, cuando el problema fundamental reside en la 
 imagen psicológica que uno tiene de sí mismo. 
   Esta actitud de ocultar los problemas se traslada
 desde la parte psíquica a laparte física, por lo que los 
problemas vitales y trascendentales no existen. Así, la
 preocupación se reduce a unos “kilos de más” que, en realidad, nunca se pierden al gusto porque el problema fundamental (que no es físico) no se resuelve sino que empeora conforme la persona va adelgazando.
Tratamiento
Aproximación psicológica: 
   
Al menor indicio o sospecha de que una persona cercana padece anorexia, deberemos tomar algunas medidas caseras, pero si consideramos que la enfermedad está entrando en una fase mayor o si ya existe un diagnóstico confirmado, es necesario contar con la ayuda de un psiquiatra, médico y/o psicólogo, que son quienes podrán orientarnos sobre las pautas a seguir. 
   En sus fases más agudas, la anorexia exige necesariamente el ingreso en un hospital, ya que la vida del enfermo puede correr peligro. De todos modos, estas fases críticas representan solamente cortos lapsos de tiempo, ya que el problema reside en el qué hacer cuando se vuelve a casa. 
   La preparación psíquica de los familiares es muy importante, y no se descarta que alguno o varios de ellos reciban también apoyo psicoterapéutico, si se cree que una de las causas de la anorexia radica en la actitud del padre o la madre. 
   En estos casos puede ser necesario cambiar el ambiente familiar por algún lugar donde, bajo control pero insistiendo en la independencia de la anoréxica, ésta se pueda encontrar a sí misma y empezar a valorarse como independiente. 
   De todos modos, si bien las enfermedades pueden tener un mismo nombre, las personas son muy diferentes entre sí, y los consejos generales son, como indica su nombre, difíciles de individualizar. 
   Además, suele suceder que la persona o personas más cercanas al anoréxico son los últimos que pueden ayudar, puesto que la persona afectada rechaza cualquier apoyo de los seres más queridos. 
   Ante la actitud de la persona anoréxica, muy perfeccionista y estricta consigo misma, el tratamiento se habrá de adaptar a las circunstancias personales, por lo que deberán aprovecharse estos rasgos psicológicos a favor de la mejoría de la enfermedad. Por ello, recomiendo una serie de pautas de actuación: 
1- Tener en cuenta que los alimentos son sagrados, porque formarán parte de nosotros mismos. 
   Si la persona es religiosa, conviene que bendiga los alimentos y si no lo es (lo cual es más frecuente 
entre los adolescentes), durante la comida se intentarán valorar positivamente las virtudes que éstos tienen. 
2- Es importante escribir un diario, donde se apunten los alimentos ingeridos. Este diario lo ha de llevar la persona anoréxica, y la finalidad de los padres no será la de “fiscalizar” si ha comido o no, sino el hacer comprender a la persona anoréxica el porqué oculta en su diario algunas de las comidas que ha ingerido, o por ejemplo, el porqué apunta los alimentos que después ha vomitado. 
3- Se ha de comer sentado en la mesa con la familia, compartiendo con los demás no sólo la comida, sino los acontecimientos del día. 
4- El buen humor psicológico estimula el buen humor fisiológico. El buen humor en la mesa abre el apetito y desdramatiza el acto de comer para la persona anoréxica. 
5- No es posible hacer ningún tratamiento psicológico sin la aceptación de la persona que lo ha de recibir. Por lo tanto, es importante hablar del tema, pero sin dramatizar excesivamente. 
6- Las clases de nutrición no sirven de gran cosa, ya que sólo se oye lo que se quiere oír. De todos modos, nunca está de más que se haga entender que la nutrición es algo más que las calorías que tiene un alimento. Si no se come de todo, la salud se resiente. 
7- El hacer comer demasiado a la persona que tiene anorexia tan sólo consigue estimular más el reflejo de la inducción del vómito y esto crea un trauma adicional. Las personas anoréxicas suelen ser obedientes y es posible que consigan que coman, aunque esto no soluciona el problema psicológico. 
8- Si la persona anoréxica tiene pareja, debe hablar con ella del problema. En ocasiones, el amor es una herramienta más potente que todas las demás. 
   Fuera de las fases agudas, la anorexia y la bulimia responden bien a un programa en el que se incluye la educación dietética, la exclusión del medio ambiente habitual, la hidroterapia y terapias físicas, el ejercicio, el reposo y el apoyo psicológico y médico. La finalidad del programa ha de ser el educar en salud y desterrar los mitos patológicos que se tienen para justificar una actitud negativa y autodestructiva tan difícil de tratar a domicilio o en consulta ambulatoria. En todos los casos, el tratamiento debe estar bajo el control de un grupo de psicólogos y médicos especializados.
   Uno de los principales inconvenientes de la desnutrición anoréxica es el gran desequilibrio entre electrolitos y oligoelementos que se produce en el organismo, por lo que siempre se recomienda tomar alimentos fáciles de ingerir, que no reduzcan excesivamente el apetito, y también que la persona que los toma tenga conciencia de que no son excesivamente calóricos. Entre ellos tenemos los jugos de frutas y de verduras y los caldos ligeros, todos ellos recién elaborados para que tengan una máxima vitalidad. 
   Cuando la persona acepta el comer un poco más, introduciremos alimentos más energéticos como cereales, germen de trigo, alguna legumbre, pan integral, soja y aguacates. Los aceites ingeridos deberán ser de primera presión en frío (oliva, girasol o sésamo, por este orden), ya que otro de los problemas de la persona anoréxica es el desequilibrio hormonal (especialmente de las hormonas sexuales). En las fases de menor actividad anoréxica, recomendaremos además la toma de frutos secos. Todos estos alimentos se habrán de combinar armónicamente para conseguir una dieta correcta, variada y con las cantidades suficientes. 
   También se deben tener en cuenta las “manías alimentarias” de la persona anoréxica, para evitar un rechazo mayor a todo tipo de alimentos, aunque se debe plantear, con argumentos médicos y sanitarios, con amor y con paciencia, de que aquellas aseveraciones y manías son precisamente el engendro de su propia enfermedad.
Hibisco (Hibiscus sabdariffa) 
   
Las flores del hibisco también tienen una acción similar a la anterior, y dan un bello color a la infusión, recordemos que la belleza del color y el sabor de la infusión también es importante en personas que usualmente tienen manías alimentarias.                                                                                                                                                               
Espino amarillo 
(Hipoppae rhamnoides) 
   
Esta planta centroeuropea es la más rica en vitamina C de las que se conocen. Se puede tomar en forma de infusión, pero en el mercado existen diversos productos a base de su jugo, que es muy poco calórico. En estos casos, se tomarán unas dos cucharadas soperas al día y, si se desea, se podrán acompañar, por ejemplo, de un yogur natural. 
Verdolaga (Portulaca oleracea) 
   
Se denomina también vinagrera en razón a su gusto y es preferible tomarla en ensaladas. Las infusiones o tisanas se harán en infusión breve, de dos a tres minutos, para que conserve la mayor parte de la vitamina C que contiene. 
Hipérico (Hypericum perforatum) 
   
La acción del hipérico o hierba de San Juan es de tipo antidepresivo. Para conservar su efecto, debería tomarse en dosis relativamente elevadas, a razón de dos o tres cucharaditas por taza y tomando dos o tres tazas al día. También es posible tomarlo en forma de aceite (de dos a cuatro perlas diarias) o en forma de cápsulas o comprimidos del polvo o extracto seco de la planta, con igual dosificación. 
Berro (Nasturtiuni officinale) 
   
El berro i el equivalente a la verdolaga en su utilidad y propiedades. Tiene algo más de azufre que la anterior y puede tomarse en las ensaladas, a las cuales confiere su característico sabor. Aliñado con un poco de aceite, es un excelente complemento para la ensalada. 
Fonogreco (Trigonella foenum graecum) 
   
De esta planta se consume la harina de sus semillas, utilizada desde tiempos inmemoriales como estimulante del metabolismo. Se puede tomar la harina, en pequeñas cantidades (dos o tres cucharaditas diarias), o en forma de cápsulas si la persona no tolera su peculiar sabor. 
Cebollino 
   
El cebollino es una especia o condimento muy utilizado en cocina. Puede utilizarse en múltiples platos de verduras, hortalizas, caldos, etc.. Las hojas finamente picadas con un poco de mantequilla, aceite o nata, dan lugar a una salsa exquisita, propia de los más selectos paladares. Además, se puede hacer una infusión con dos cucharadas soperas de cebollino finamente picado en una taza de agua hirviendo y dejando reposar el contenido unos diez a doce minutos. Se puede añadir un poquito de aceite y una pizca de sal, y si se desea, un poco de pimienta blanca. Este “caldo” o infusión es un excelente remedio porque tiene muy pocas calorías, por lo que la persona anoréxica lo ingiere, segura de que no interferirá con las dietas de adelgazamiento que permanentemente realiza. El secreto está en que, en realidad, el cebollino también estimula algo el apetito, ayudando a aliviar el problema.

Oligoelementos

   Algunos oligoelementos son de utilidad para tratar la anorexia:
CU-AU-Ag (Cobre-oro-Plata) 
   
Esta asociación tiene una función tónica general y estimulante del apetito. Su función principal, sin embargo, reside en el control del proceso depresivo. Se tomará a razón de dos o tres dosis diarias disueltas en un poco de agua. 
Li (Litio) 
   Utilizado como tratamiento antifatiga y antidepresivo y a dosis pequeñas, el litio es otro de los remedios que pueden ayudar a complementar el tratamiento psicoterapéutico. 
Cu (Cobre) 
   
El cobre tiene una función estimulante inmunitaria y preventiva de los procesos infecciosos. Se utiliza también de forma esporádica como complemento, puesto que al estimular la inmunidad, se da una compleja acción que se traduce en la mejoría de la salud psíquica y en un optimismo acrecentado.
                                                           Dos casos reales 
Mercedes L., 17 años. 
   
Estudiante, hija de familia muy rica, nunca le ha faltado nada. Ha sido educada en los mejores colegios de la ciudad, acude a clases suplementarias de música y arte dramático. Quiere ser modelo o actriz, pero tiene las caderas anchas como su madre y sus hermanas. Ha adelgazado hasta límites extremos y ha llegado a pesar 35 kilos. La ingresaron en el hospital por una hemorragia causada por la ingestión de laxantes. 
   Su madre es tremendamente dominante y la riñe constantemente por su actitud, aunque no quiere comprender que su hija tiene un problema que necesita de su participación, porque en realidad está demasiado ocupada con otras cosas. 
Mercedes dice: Las emociones me controlan.., me obligan a esconderme en un lugar seguro. Mi mente está distante de lo que mi corazón siente. Las únicas palabras que conozco son las de destrucción, por eso prefiero permanecer callada. No puedo acercarme ellos; si lo hiciera me enredaría en mí misma y me derrumbaría. Tal vez tenga un corazón de piedra pero realmente sólo es de tiza, y me produce un profundo miedo la posibilidad de convertirme fácilmente en polvo. 
Rebeca L., 12 años. 
   
Es hija única, su familia no es de clase alta, pero sus padres la han cuidado y ha recibido todos los mimos de su tía y tío, ambos solteros. Nunca le ha faltado nada. Si quería, comer lo hacía, pero si no, en la familia había una gran preocupación. El abuelo confesaba que se ponía a bailar y hacer el tonto mientras la niña comía para distraerla. A cambio de comer, le regalaban cualquier cosa, y Rebeca aprendió bien su oficio. En su habitación hay más de ochenta muñecas y muchos juguetes. La colección de disfraces de carnaval de los últimos diez años está en su armario, pero evidentemente no los utiliza. Hace un año que dejó de comer, los bailes del abuelo ya no le interesaban, y descubrió que si comía poco, al volver a comer recibía más regalos. De todos modos, ahora está extremadamente delgada y triste. 
Rebeca asegura: El reflejo me observa desde atrás, no es el mismo que tu ves, mi culpa acelera el ansia de destruir mi constancia.

 


José Martinez Cano