Anorexia nerviosa, Bulimia ¿Delgadez o Desnutrición?


“La persona con Anorexia suele provenir de una clase social media o alta y destaca la apariencia tísica en su escala de valores”
Quién la padece
Mujeres
   La anorexia es un fenómeno que afecta casi exclusivamente a las mujeres, especialmente en edad adolescente, siendo muy raras a partir de los 30 años. El prototipo de mujer anoréxica es el de una chica blanca, adolescente, ansiosa, con una preocupación excesiva por la comida, que ha perdido la regla y con un concepto distorsionado de su propia imagen corporal. 
   Mucha gente puede pensar que se trata de un fenómeno propio de personas con un coeficiente intelectual bajo, pero sucede exactamente lo contrario. La persona con anorexia suele provenir de una clase media o alta, con una educación elevada y con una familia usualmente perfeccionista, en la que la alimentación y la apariencia física juegan un papel importante. Curiosamente, no se conocen casos de anorexia en personas de color, por lo que se especula una condición genética. De todos modos, no es una casualidad que la anorexia avance paralelamente al desarrollo del nivel de vida moderno, por lo que su causa fundamental parece ser de carácter social. 
   En la familia, los padres describen a su hija como una “chica modelo”, ya que es obediente, estudia (hasta que se presenta el problema) y no se rebela contra la sociedad. De hecho, esta ausencia de rebelión hacia el exterior tan propia de los adolescentes, suele ser una de las causas que desencadenan la anorexia, ya que esta enfermedad es, en el fondo, una especie de lucha o rebelión autodestructiva contra una misma. 
   Otro de los aspectos propios de la chica anoréxica es que ésta sufre un cierto infantilismo (el deseo de ser como una niña) ya que, al igual que los niños, no desea la independencia, por lo que no suele aceptar responsabilidades. Sin embargo, y aunque parezca paradójico, la chica anoréxica sí reivindica la independencia en el aspecto en el que la persona es más independiente en el acto de comer.
Hombres
   Solamente una de cada quince personas con anorexia es varón, mientras que las 14 restantes son mujeres.  Además, la peligrosidad de la anorexia es menor en los hombres que en las mujeres, puesto que el índice de mortalidad es inferior. En general, los trastornos psicológicos derivados de la alimentación son más raros en los hombres, aunque esto no significa que éstos coman menos. La diferencia reside en que el hombre obeso generalmente come por placer o por estrés, y en pocas ocasiones por trastornos psicológicos. Contrariamente, los hombres delgados no suelen padecer anorexia, ya que simplemente comen menos de lo habitual, sin llegar a límites de desnutrición. 
   Algunos de los pacientes masculinos con anorexia nerviosa tienen rasgas de sensibilidad que se atribuyen más a las mujeres, y no es infrecuente que entre ellos haya un mayor porcentaje de homosexuales. 
   Se debe tener en cuenta que la anorexia es un fenómeno que aparece en la pubertad y, por lo tanto, en muchos de estos casos todavía no se ha producido de forma clara la definición de la tendencia sexual, por lo que el varón con anorexia se ve envuelto en un mar de dudas sobre su personalidad, que intenta solucionar con el control de la dieta.
Síntomas
   A partir del deseo de ser aceptados por su imagen y no por su personalidad, las personas anoréxicas suelen dar inicio a su problema con una dieta que nunca acaba, porque la pérdida de peso nunca es suficiente. Algunas de estas personas creen no merecer ser felices, asumen no ser dignas de disfrutar de la vida y simplemente se privan de aquellas situaciones placenteras, entre las que la comida ocupa el primer lugar. 
   Para controlar el peso y los ataques compulsivos de bulimia, estas personas recurren al ejercicio obsesivo, al cálculo de las calorías de la dieta, y a la discusión constante sobre temas de salud y comida. 
   Otros síntomas muy comunes son la provocación del vómito y el uso indiscriminado de laxantes, diuréticas y pastillas para perder el apetito, aun después de comer con normalidad o simplemente de no comer. A estos factores se suma la preocupación constante por la imagen que proyecta su cuerpo. 
   No es extraño que la persona con anorexia alterne su problema con la bulimia y el comer compulsivamente, incluso sin tener sensación de hambre. De hecho, el mismo problema y el complejo de culpabilidad que con- lleva son las causas del atracón y la purgación posterior. 
   En muchos casos estas personas aparentan tener hábitos alimenticios normales con algunos periodos de restricción. Los anoréxicos usualmente comen muchos dulces, toman grandes cantidades de café y fuman.  También utilizan asiduamente píldoras adelgazantes con el fin de controlar su apetito o laxantes para deshacerse de las calorías consumidas, lo cual no sólo es absolutamente perjudicial para la salud, sino que además es una medicación perfectamente inútil. La víctima se niega el sentimiento de hambre, se inventa excusas para evitar la ingesta de comida (“ya he comido” o “no me siento bien”), esconde la comida que dice haber comido, o intenta purgarse provocándose el vómito o tomando laxantes.
Trastornos psicológicos
   No es fácil entender a una persona que sufre anorexia nerviosa. Quien padece una alteración del comportamiento alimentario tiene, en la mayoría de los casos, una baja autoestima y un tremendo afán de controlar su entorno y sus propias emociones. La anorexia aparece como una reacción o respuesta a la guerra interna entre influencias externas e internas, conflictos emotivos, estrés y un profundo afán de perfección. La ansiedad y la infelicidad se convierten en el móvil principal de la persona, siendo la anorexia una forma negativa de manejar estas emociones. 
   El hambre llena el vacío interno, que proviene de una falta de aprobación de uno mismo, y la respuesta a este sentimiento es la reducción del deseo por la comida, que surge a partir de la sensación de soledad. La persona anoréxica se siente como si estuviera gritando en un local vacío, sin que nadie respondiera (ni siquiera la misma persona) y con la necesidad urgente de salir corriendo y desaparecer. 
   La persona que sufre anorexia es extremadamente sensible a las variaciones de su peso, cree estar gorda o simplemente siente pánico al imaginarse que lo es. Además, el mismo temor de perder el control sobre el impulso alimentario crea un ansia permanente que la lleva a controlar, además del apetito, cualquier tipo de emoción y reacción. 
   De este modo, se recurre constantemente a dietas obsesivas y ayunos, como fórmulas para controlar el peso, los sentimientos y las acciones relacionadas con las emociones que se guardan y esconden.
El complejo de culpabilidad
   Dentro de todo este proceso juega un papel muy importante el complejo de culpabilidad, que no es más que un reflejo de la falta de autoestima o valoración personal. Este complejo aparece especialmente a consecuencia de las transgresiones dietéticas, ya que la persona anoréxica sigue teniendo apetito, aunque se lo reprime. Por eso, no sólo cualquier cosa que se come provoca un sentimiento de culpa sino que, en ocasiones, se cae en el proceso de bulimia. Es entonces cuando, a escondidas, esta persona ingiere “comida-basura” (pastas, dulces, patatas fritas o chocolate) y después, se autoinduce el vómito. 
   A pesar de que se han expulsado todos los alimentos, el sentimiento de culpa persiste por el hecho de tener que ocultarlo a los que están a su alrededor y porque la persona cree posible el que hayan quedado restos de comida que puedan provocar un aumento de peso. El problema es tremendamente complejo porque la culpa reside en el ego, y es precisamente el yo interior el que debe recapacitar sobre el problema para encontrar una vía de solución. 
   El carácter perfeccionista de muchas personas anoréxicas contribuye a agravar la situación, ya que el ser humano es, por esencia, imperfecto. No se está descontento solamente con una parte de la anatomía, sino que las molestias permanecen si la persona anoréxica adelgaza y se acentúan si engorda. Tampoco se está a gusto con la propia anorexia como fenómeno, ya que, por ejemplo, este estado preocupa a los seres queridos. 
   La lista de situaciones cotidianas que provocan malestar es interminable, aunque la mayoría de ellas no tienen importancia para los demás. Precisamente esta culpabilidad continua es la que se debe empezar a abordar para poder ver la luz al final del túnel, ya que en muchos casos éste es un problema importante en el desarrollo de la anorexia, que debe afrontarse con paciencia

 


José Martinez Cano